ÍNDICE DE PÁGINAS.

13.2.09

Laura, Por los caminos polvorientos de Santander... Crónicas de viaje.

Mil Maneras de vivir
esta pasión

Parte II.


Aliados a este proyecto se encuentran el Ministerio de Cultura, de Educación y el Cerlalc. Estas tres instituciones nos han invitado para que caminemos junto a ellas por las bibliotecas de los más apartados municipios de nuestra región, ''seduciendo'' a todas las entidades escolares para que visiten y conozcan el material con el que han sido dotadas más de 350 bibliotecas en el país. Son maravillosas y recreativas colecciones de libros que hacen más ameno el aprendizaje de nuestros estudiantes, variedad de videos de cine y documentales que apoyan la difícil labor de enseñar.


El maestro, encontrará en la biblioteca pública todo un mundo de nuevas y divertidas aventuras para los niños y jóvenes en el complicado mundo de las matemáticas, la física y la química; así como libros con sorprendentes imágenes de preciosos lugares de Colombia y el mundo. Estas herramientas hacen más atractivo el recorrer y conocer la naturaleza, la geografía, las gentes y sus costumbres, las ciencias exactas, los deportes, ¡todo!


Desde esta semana, cinco soñadores iniciamos un andar por los pavimentados o polvorientos caminos, atravesando valles y montañas del Gran Santander; muy ligeros de equipaje personal pero con grandes cajas atiborradas de cartillas, con el corazón palpitando de emoción y la mente llena de conocimientos y deseos de compartir. Estaremos en cada pueblo o vereda, llegaremos a veinticinco municipios, algunos de ellos muy olvidados. Tendré la dicha de visitar lugares cuyo nombre desconocía por completo como San Joaquín y San Benito. Estaré en Onzaga, Barbosa, y el jardín florecido de San Andrés.


Les presentaré en mis próximas noticias, fotos, historias, mitos, leyendas y anécdotas de mis viajes; a la vez que invitaré a mis cuatro compañeros para que me acompañen en este espacio y los hechicemos con la historia de nuestro recorrido.

¿Cómo decirlo? Laura Margarita siente que cada lágrima derramada, que cada caída y la herida producida, las noches de desvelo, las agotadoras jornadas recorriendo las cimas y los valles de los pasillos de Ciudad Norte, el cansancio y agotamiento, cada gota de sudor que dejaba a su paso, valió la pena haberlo recibido, haberlo sentido. De no ser así, tal vez hubiesen hecho falta.


Mil Maneras de vivir esta pasión
Parte III

Mi primer viaje en el "Concorde"



En el terminal de transportes de Bucaramanga, me enteré de que sólo una empresa de buses realizaba viajes para Onzaga. Sentí ardor en la boca del estómago cuando vi el viejo autobús en el cual debía realizar mi viaje; de esos buses cuadrados, con vivos colores, la parte de arriba decorada con una fuerte parrilla de hierro blanca, en los vidrios traseros y delanteros se destacaba un aviso que anunciaba que el "Concord" recorrería montañas y destartaladas carreteras para llegar a un pueblito que era toda una ilusión para mi.

A las once de la mañana el bus salía haciendo sonar la trompeta, dentro de él, una mujer soñadora se retorcía las manos de los nervios. Lo más extraño fue el contar que solo éramos tres los pasajeros. Mi imaginación de escritora planeaba toda clase de aventuras en este recorrido. Muy pronto el vehículo empezó a detenerse en cada esquina. Uno a uno, todo el que se subía era saludado... Buenos días compadrito Jeremías... Buenos días compadre Héctor...

Era increíble... Me sentía, emocionada y hasta aterrada. Todos, todos los que se subían en cada paradero, en cada curva, en cada tienda de vereda, en cada orilla del camino, era saludado por el conductor con su nombre propio. De todos ellos recibí un saludo sin palabras. No hubo ser que se subiera al "Concord" y no detuviera su mirada en la extraña que les brindaba una sonrisa.

Cuando llegamos a San Gil, mi tierra, el bus quedó colmado de pasajeros, de costales, cajones y toda clase de equipajes. Para quienes entraban y salían era casi imposible transitar por el espacio asignado para ello. Era mi primer viaje, no tenía ni idea por donde llegaríamos a Onzaga. Un anuncio en la carretera por donde doblamos a la derecha, anunciaba que íbamos rumbo a Mogotes.


El automotor empezó a subir la alta cuesta, alcancé a divisar aquel pozo donde me bañé hace unos veinte años: "Pozo Azul", sus aguas tranquilas en las que los niños se tiran de las altas rocas. Casi siento el cosquilleo de los rizos de las cascadas cantarinas. Me recordé sentada recibiendo en la espalda el delicioso masaje que ellas me regalaron la última vez que estuve allí. San Gil, mi pueblo natal, respiré un poco de ti, me dejé acariciar por tu brisa. Animaste mi mente al navegar en tu recuerdo...


Hasta "La perla del Fonce" había tenido varios compañeros de viaje transitorios, mas éste que me acompañaba ahora entabló una alegre e instructiva charla conmigo. Empezó a contar de cada curva, de cada loma, de cada vereda, me hablo del río, del canotaje, también de la música y del grupo que el formó con familiares y amigos; terminó muy orgulloso contándome de aquel premio que Mogotes ganó hace unos años y que lo denominó como el pueblo de la paz.

Se despidió de mí con toda la amabilidad y la alegría de un hombre de pueblo que tiene la fortuna de trabajar por su desarrollo desde su puesto como Concejal. Mogotes... Pueblo grande, calles largas, casas viejas, gente amable.

Llegamos al parque, sabía que Javier Félix debía estar ese día allí, en Mogotes realizando el taller para maestros. Se me iban los ojos buscándolo en cada calle. El "Concord" se estacionó junto a un bus que estaba próximo a partir en sentido contrario al nuestro. Entonces divisé el rostro del poeta amigo.

¡Qué alegría ver una cara conocida! Los dos corrimos al encuentro, casi no tuvimos tiempo de charlar, más no era necesario, nos encontrábamos en la misma situación. (Él pálido, con su estómago revuelto, cansado, pensativo, deseando llegar pronto a su hogar a abrazar a su pequeña Galilea; yo, preocupada por las palabras que acababa de escuchar, faltaban cinco horas para llegar a Onzaga y de Mogotes para allá el camino si que iba a cambiar: estábamos a punto de dejar atrás la carretera sin pavimentar, y tomaríamos camino por una trocha que nos llevaría primero a San Joaquín y luego a Onzaga). Después de un más que alegre saludo, Javier Félix y yo nos despedimos con un fuerte abrazo; no hubo palabras, en la fuerza que pusimos en nuestra despedida intercambiamos algo que nunca nos dijimos: ¡Valor...!

Un hombre de aproximadamente cuarenta años, se sentó a mi lado. De inmediato preguntó cuál era mi destino:

- Onzaga...

Hubo un corto silencio, interrumpido por su alegre voz
- ¡Yo me bajo en San Joaquín!


Mil Maneras de vivir esta pasión
Parte IV

Mi primer viaje en el "Concorde"


No deseaba hablar más. Cerré los ojos para evitar observar lo que me mostraba la noche que caía. Los profundos faldones que descolgaban de las montañas. El camino era cada vez más angosto, los precipios más profundos, el bus se mecía, a veces parecía que íbamos a rodar por uno de esos oscuros peñascos. Apretaba mis manos y mi mandíbula, disimulando los nervios que me invadían. Para completar, un fuerte aguacero reventó en truenos y relámpagos.

De verdad estaba asustada...

Pensaba en mis hijos, en mamá, en Guillermo... en mis amigos, en mi vida, llovía y mi vecino no paraba de hablar. Supe que era profesor de música y serenatero. No recuerdo más, mi pensamiento estaba muy lejos de sus palabras.

San Joaquín empezó a anunciarse una hora y media antes de llegar. Lo supe cuando mi vecino dijo: ¿Si ve ese resplandor entre aquellas lomas? Ese es San Joaquín. Me alegré, porque sabía que de allí a Onzaga era muy cerca. Creí que llegaríamos al doblar de la primera curva...


... Nada, era solo el resplandor de un pueblo en medio de montañas. ¡Que ironía! Viajaba en el "Concord" y casi no avanzábamos. Al doblar de cada curva, esperaba encontrar el anunciado pueblo, pero su resplandor jugaba a las escondidas conmigo, a ratos se mostraba, luego se ocultaba.

Llegando a San Joaquín, hubo relevo de pasajeros. Se bajaron veinte, se subieron treinta. Uno a uno fue saludado por su nombre por el conductor (memoria privilegiada la de este señor).


Arrancamos vía a Onzaga... delicia de camino la que me esperaba (ahora si puedo decir que conocí una trocha de verdad). La lluvia arreciaba, también los pálpitos de mi corazón.

Al entrar a Onzaga le rogué al conductor: -Señor, por favor me deja frente a la Biblioteca Pública... Un solo rumor se levantó casi en coro. No hubo un pasajero que no exclamara: ¡La Biblioteca a esta hora esta cerrada su persona!

Uno a uno se aseguraron de enterarme de que a esta hora no había nadie en la biblioteca. Eran las nueve y treinta de la noche y llovía, sin embargo pude murmurar entre dientes: Allí me esperan...

El automotor no partió hasta que todos estuvieron seguros de que a la "dotora" alguien la "aguardaba".

Una sonriente Bibliotecaria esperaba para llevarme al hotel donde podría reposar mis maltratados huesos. Hacía frío y llovía, pero a pesar de esto, al mirar a mi alrededor presentí que acababa de llegar a uno de los pueblos más hermosos y acogedores del "Gran Santander".

Fui hospedada por el dueño del hotel en una cómoda habitación que aún olía a paredes nuevas; ubicada en la parte trasera de la casa frente a un hermoso jardín, adornado por un alto árbol que se encontraba justo en el medio del lugar pregunté:

- ¿Tiene otra habitación mas cercana a las demás?

Mi anfitrión sonrió al decirme:
- Esta pieza es la ordenada pa´la dotora, es la mejor... Es pa su persona...

Sonreí con picardía al preguntarle:
- ¿Está seguro que aquí no me va a salir el coco?

Risas de los tres, con estas palabras les demostré que no necesitaba tantos halagos, sólo deseaba reposar...


Onzaga huele a brisa de río, esparce el aroma del verde de sus montañas, a manantial de agua virgen, a tierra fresca, a campesino, a leche, a queso, al frescor de la verdura recién bajada del monte, a costal y mochila de fique.

Cada habitante del pueblo se desvivió en atenderme. La noticia de que había llegado la "dotora" se propragó por el pueblo. Fue un bello día de caminar y trabajar, de charlar y observar, de preguntar y responder.

¡Que gran calor humano el de la gente de Onzaga!

2 comentarios:

Orlando de Jesus dijo...

Laura: estupendo articulo ojala se escribiera mas seguido este tipo de documentos periodisticos que nos dan a conocer nuestras regiones

Gracias a Dios la empresa Concorde renovo su parque automotor, y esta travesia aunque las vias siguen siendo las mismas por lo menos los vehiculos son mucho mejores lo que hace menos tortuoso el viaje.
Victor Manuel Parada B.

Laura Margarita Medina Murillo dijo...

Gracias Víctor Manuel Psrada por su mensaje. Se que lo escribió hace años, pero hoy 31 de diciembre de 2016, escribo en mi lista de metas pot alcanzar en 2017, la edición de un libro con estas crónicas de viaje.
No he regresado a estos caminos, imsgino el avance y me alegra.
Te envío mi saludo de añi 2017 en osz y felicidad.
Mi correo: ojosdemar05@gmail.com

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