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13.2.09

Laura, por los caminos polvorientos de Santander... Crónicas de viaje.


Mi primer viaje en el "Concord"
Parte V

Desde el primer momento en que me entregaron en Bogotá el listado de los Municipios que debía visitar, "Onzaga" sobresalía... Mi corazón regresó a mis años de internado y de primaria. Mi primera maestra. Era una alta mujer de piel blanca, tan delicada que parecía el algodón cuando revienta el capullo, tenía los ojos azules, tranquilidad en su voz, cantaba al igual que los ángeles, inspiraba paz interior.

Era religiosa de la Comunidad Vicentina, vestía de hábito azul, divulgaba con orgullo que había nacido en Onzaga. Fue quien me enseñó poesía, narración y teatro: desde que me conoció ella me decía "Tienes temple de artista".


También fue mi profesora de canto, de danza y de pintura. Siempre repetía: tienes pinta de cantante de bailarina y actriz. Escribía para mí poesías y dramas. Me dedicaba las tardes y me enseñaba a declamar. En sus obras de teatro yo era la actriz principal.. Ahora, después de casi cuarenta años, convertida en una señora, me encontraba en su tierra, cumpliendo con la promesa de estar en un escenario, desarrollando todo eso que un día ella me enseñó, entregando mi voz, mis palabras y mi canto.

No soy cantante, ni actriz, las cosas no son como se planean. Sin embargo, nunca me alejé de la formación que me dio, de todas las herramientas que me entregó con su formación, de las cuáles me he tenido que valer a lo largo de mi vida.


Cuando visité el Colegio Nuestra Señora de Fátima, tremenda sorpresa, su directora era una hermana Vicentina. Después de saludarla, le pregunté si conocía a la hermana Sor Mercedes Ramírez Gasca, para mi sorpresa me dijo, ¡Si claro! ahora descansa en el Colegio en Bogotá...

Me estoy extendiendo mucho en esta noticia que es una historia de vida, de añoranzas y de momentos vividos. ¿Cómo pasar de largo por esa tierra tan bella sin detenerme un momento a contarles de mi estrella? Mi primera maestra la que siempre estará en mí, la que me ayudó a soportar la soledad y tristeza en Zipaquirá, la que me brindó su calor para no sentir los largos pasillos de aquel frío internado.


Hoy tengo doble motivo para amar a ese pueblo rodeado de montañas. Entre todos los pueblos que he recorrido divulgando la escritura, la lectura, las Bibliotecas y los libros, ha sido en Onzaga donde he encontrado el más puro de los campesinos de mi tierra y de Colombia.

Todos los Jueves, bajan de las veredas a vender sus productos, con los bultos de fique llenos de verduras, y se reúnen en la casa de mi amiga Herminda a las cinco de la mañana, desayunan con una totumada de guarapo o de chicha de harina de trigo, endulzada con panela...



Allí me senté a escucharlos contar sus aventuras, a comentar en voz baja, la tristeza que produce que el Plinio hace ocho días que salió con el mercado p'al rancho, el chofer del campero asegura:
yo lo dejé en el camino que sube p'arriba pa su vere'a. Eso fue que el atembao no puso bien la pata al suelo y seguro se rodó y se lo tragó la quebra'a.

Tambien escuché historias de picadura de culebras: "Menos mal que el picao es un joven muy valiente que supo amarrarse el brazo y salir pitao a buscar a los soldados que le salvaron la vida". Hoy muestra en su mano esa marca eterna de los colmillos de la "bandida" que no se zafaba ni por el hijuepuerca.

Este es mi Santander, esta su tierra señores, esto recojo en veredas, en pueblitos y en las casas de la gente que sobrevive con esfuerzo y con paciencia en, los caminos que hoy recorro con dicha plena.

Y cuando el Señor Alcalde de Onzaga, me preguntó: ¿Ha sentido frío? Le respondí muy sincera: Acá jamás sentiré frío, es tanto el cariño y el calor humano que ustedes me han brindado que es imposible sentir eso que usted llama frío....

Onzaga, y el cerro del Mojón, con sus cuerdas de luz eléctrica que asemejan un teleférico y que se ha prestado para levantar muchas bromas.

Se me acabó el espacio en estas páginas, tenía tanto para contar que no hablé de Literatura... ¿Cómo hacerlo? Si todo un pueblo llena cada espacio de mi corazón.

1 comentario:

Juan José dijo...

Laura.. que buena crónica de viaje ehhh... felicitaciones... es lo bueno del ser humano, dejar su huella con enseñanza eso es muy bueno... Felicitaciones. Un abrazo hasta alli...

Juan José

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