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13.3.09

Una crónica para una vieja amiga... Alma de La Calle.

En homenaje a esta mujer luchadora que hoy libra una nueva batalla, dejo esta crónica de mi encuentro con Alma de La calle hace tres años...

Hoy me enteré que en el pasado mes de octubre, Alma sufrió una enfermedad cerebrovascular. Dicen que es posible que no vuelva a escribir, incluso que no pueda volver a trabajar...


ALMA DE LA CALLE...
Una crónica de vida y amor.


“Nací en el Municipio del Carmen de Carupa, allá donde el valle de Ubaté se pierde silencioso, en la invisible comisura de los Departamentos de Cundinamarca y Boyacá, un 2 de Septiembre de 1947; ese día, Dios estaba loco, loco... distraído y loco...”

Me lo dice con picardía mientras me acerco y la envuelvo en un fuerte abrazo con el cual le expreso la felicidad que me causa el haberla encontrado, para conocer de sus sueños, fantasías y vivencias. Manifiesto mi sentimiento: - ¡He deseado tanto este momento! Ella, sorprendida me dice: - ¡Este saludo..., con abrazo y todo! Toma asiento en la única silla disponible, me acomodo a su lado sentada de esa manera como se sientan los niños a escuchar las historias del abuelo, e iniciamos nuestra charla con mis sinceras palabras: - Reciba mi afecto, mi admiración y ese abrazo, lo tenía guardado para usted desde hace años.

Ella, se echa un poco hacia atrás mientras desde sus negros ojos recibo la luz de bondad y experiencia, y de sus labios, la sonrisa de la inocencia. Le manifiesto: - Vengo de Bucaramanga, acabo de llegar. Mientras le expreso la alegría que me causa este encuentro me mira, me mira y me regala su sonrisa, continúo: - Me siento feliz de encontrarla... de pronto me interrumpe: - ¿Usted vive en Bucaramanga? ¿Me va a llevar para allá? Ahora soy yo la sorprendida, pregunto: - ¿Iría? Haciendo derroche de su alegría y sin pensarlo ni por un momento me dice: - ¡Por supuesto que sí! Con gran ilusión le digo: - Más adelante usted será mi invitada.
Ese fue el recibimiento en mi primera entrada hace tres años como Directora de Renata Bucaramanga al Ministerio de Cultura en la ciudad de Bogotá. Qué más podía yo desear, encontrarla a ella, precisamente a esa pequeña mujer, tierna, delicada, de voluntad férrea y con la fuerza de Atlas; que un día llamó mi atención en una entrevista que le hicieron en la televisión.

Me dediqué a escucharla declamar:
“Adiós..., el dolor en mi garganta amarga, la música me llena de quebranto, yo quiero morir hoy antes que mañana, aunque no merezca el campo santo...”

Al terminar dice: - Esta poesía me la aprendí en Bucaramanga, allí mismo en el Café Madrid, en el Norte, estaba escrita en una pared, supe que la había dejado allí una señora que trabajaba en un burdel o cantina... ese poema es la nota de una suicida... ella... lo escribió... luego se mató... algo así... ahora necesito saber quien la escribió, quiero saber su nombre para sacarla del anonimato. Si usted puede por favor, averígüelo.


Mis rodillas no aguantan más esta incomoda posición, me levanto, y llena de curiosidad le pregunto: - ¿Qué hacía usted en Bucaramanga? Mi voz suena seria, tal vez demasiado seria. Me mira con sus pequeños ojos, mientras su voz explota en palabras traviesas y llenas de agradables sorpresas que me hacen admirarla más: - Gaminiar! Siéntese usted acá y yo le cuento... Alma de la calle, inicia a revelarme un pasado que la llevó por caminos entre soledades, privaciones y los peligros propios de la calle.

- Nunca conocí a mi madre, me criaron las monjas en un orfanato, ellas me obligaban a leer la Biblia como castigo a mis locuras, a mi rebeldía. No era que me portara muy mal, lo normal en una niña de tierna edad que jamás había recibido el calor de un hogar o la caricia de una madre. Levantarse en un internado no es fácil.



Pintura realizada por ALMA DE LA CALLE.


Sus ojos se opacan un poco y mi corazón se recoge mientras le pido continúe su relato.
- Mi verdadero nombre es María Amparo Amaya Alarcón. Estudié hasta quinto de primaria en la escuela de Orientación femenina de Bogotá, donde hoy queda el Colegio de La Merced. A la edad e 10 años logré salir del internado, me enviaron a trabajar a una casa de familia en Bucaramanga, allí me cansé de pelar papas, cebolla, de preparar los alimentos de unas personas que solo me pagaban con sus malos tratos, por eso me volé de esa casa. Preferí la calle, caminar sin rumbo, conocer otras ciudades perdiéndome en los caminos de mi Colombia.
Un día, en Bucaramanga, me encontré en el Café Madrid tres muchachos que me regalaron una caja de lustrar. Seguí mi caminar; hacía artesanías para vender en San Antonio del Táchira, donde tuve mi primer novio. Hoy a mis 59 años sigo siendo lustrabotas pero también hago artesanías, pinturas y escribo.
En ese instante la interrumpo: ¿Cómo fue que nació en usted la idea y el amor por la escritura? Me alegra haber echo esta pregunta, por que de inmediato, ella recuperó su alegría: - Leyendo la Biblia, cuando las monjas me lo imponían como castigo, yo, cambiaba los textos, cambiaba las historias, ellas pensaban en castigarme y yo a escondidas me divertía, escribiéndolas a mi manera...

Ha publicado un libro de poesías, cuentos y aforismos: Escribiendo como loca (1993) y otro de cuentos: Mi mente es así... por el cuento (1999) el IDCT, le publicó dos novelas en un solo libro, Observando el universo, y El Hijo de La Muerte (2004). También el libro 111 poesías para no morirse y 3 escritos para María Mercedes Carranza, editado por el Ministerio de Cultura, año 2004.

- “Recibí una mención de honor en 1995 en el Encuentro de Mujeres Poetas de Roldanillo, Valle, y en el 2003 gané el Premio Descanse en Paz la guerra otorgado por la casa de Poesía Silva, aún bajo la dirección de María Mercedes Carranza. Hace pocos días fue inaugurada la Biblioteca Pública de mi pueblo y le pusieron mi nombre: ALMA DE LA CALLE...”


“Esta poesía la escribí en momentos en que recordaba a la madre que nunca tuve, que nunca me amó, aquella que solo sirvió para parirme y nada más.... Son muchas las personas que padecen del mismo mal”.



NO CONOCÍ A MI MADRE


(9 de mayo 1974)

Buscando a mi madre perdida quedé,
caricias no encuentro de esa mujer.
Conocerla ya es difícil, verla también;
paso días enteros incansablemente por esa mujer.
En hechos y obras sirvienta me quedé,
creyendo en ilusiones que nunca conoceré
Me criaron las monjas consuelo no hallé
diciendo que siento tristeza y afán.
Con amor y ternura quisiera encontrar
a mi madre querida que no me quiso criar,
entre sueños la veo sin conocerla
sin estar ella conmigo o, no sé si se murió.
Los niños que sufren, sufren así
buscando a la madre y no la encuentran;
la madre los quiere, la madre no se ve.
Los niños y niñas sin madre se afligen,
se afligen por falta de cariño y amor
y por esa ausencia de la madre que es lo peor...

Su voz se detiene un momento, para luego continuar... “Amigo lector siempre he recordado con tristeza y nostalgia las horas muertas de mi niñez en las que no logré aprender gramática castellana ni otros idiomas. Las personas de la calle hemos desperdiciado el tiempo y hay mucho profesor que podría ayudarnos a recuperar el tiempo perdido en nuestra callejeadera. Es necesario que se conozca la lengua que se habla en la calle. Aprender me ha sido difícil, pero muchas personas me han ayudado y gracias a su apoyo estoy vinculada al oficio de las letras. No tuve la oportunidad de estudiar por esta razón pienso que por eso mis años anteriores fueron perfectamente perdidos. Hoy, he comenzado a conocer el lenguaje y la literatura. Saco libros de la Biblioteca Luis Ángel Arango, mi segundo hogar.”
“De los libros espero conocimiento y sabiduría para poder manejar y abordar mejor mis escritos de narraciones sencillas sobre mi experiencia en la calle”.

Alma de la Calle, una mujer admirable continuaba lustrando los zapatos de los funcionarios del Ministerio de Cultura y sus alrededores, los sábados estudiaba Literatura en la Biblioteca El Tunal.

Entre Alma de la Calle y Laura del Mar no hay mucha diferencia, dos niñas que vieron pasar su niñez y adolescencia en fríos internados, alejadas del calor y las caricias de una Madre y que hoy cada una, a su manera, luchan por realizar un sueño a través del suave deslizar de la pluma sobre el papel, para dar vida a sus fantasías, creando con letras su futuro.

Hoy, les he presentado a una mujer que un día recibió el apoyo de Rosario, la cantante hoy fallecida, que viajó por un mundo de poesía primero en sus sueños, luego en sus libros.

La última vez que me encontré con ella hace un año, desayunamos en una sencilla y pequeña cafetería donde ella quiso llevarme, ubicada en el barrio La Candelaria, allí compartimos un agradable charla y me presentó a sus amigos, personas que venden artesanías y alimentos en la calle, entonces lintentaba una lucha a brazo partido para demostrar que aunque ella no hubiese recibido educación superior y en las paredes de su humilde hogar no cuelguen “cartones” que la titulen como versada en letras, poseía de manera natural todas las herramientas, la imaginación, el poder creativo, y el mando de su pluma para trazar sus escritos en pequeñas libretas o en grandes libros que la hacen gigante en su espíritu y en su manera de entregar lo que siente, que ha vivido, que ha recogido en el camino, en esa escuela y en esa Universidad que ha sido su vida.


Y es que el origen de cada poesía es un bello y aromático entregar de un alma que ha recorrido las calles más desoladas, bajas e impuras del país y que ella en sus líneas le ha entregado el pudor de su mirada y las ha dado limpias, lustradas con su mano, aunque se quiera negar que las personas tenemos derecho a escribir sin importar de donde hemos salido, de donde retóñanos o renacemos a la vida.

Hoy Alma lucha contra otro fantasma de la vida, la enfermedad. En este día 13 de marzo de 2009, hace apenas cinco minutos llamé a Marcela su hija quien me ha dicho que Alma de la calle se recupera, que su fuerza es de una luchadora y que no desfallece en su intento de volver a tomar la pluma y escribir.

Les dejo la nota completa que he tomado del Intermet escrita por: Samuel Andrés Arias:


No importa cuál sea su nombre de pila, para todos, para ella es Alma de la Calle.


Dicen que desde hace años recorre el centro de la ciudad con su caja de lustrar botas. Tiene una larga lista de prestigiosos clientes y otros no tanto. Pero su pasión es la literatura.

La conocí en el Taller de Novela Ciudad de Bogotá. Estaba trabajando en una promisoria novela infantil: "Entre brincos y letras".En el taller, los comentarios de Alma siempre eran espontáneos, muchas veces salidos de contexto, pero siempre honestos.

Como buena escritora, tiene un amor propio grande y pronto sus conversaciones derivababan en alguna de sus tantas anécdotas como militante de la calle.
Aunque algunos les cueste creerlo es poeta de las que publican, pero como casi todos los de su especie, poco vende. Sus obras editadas recientes son: El hijo de la muerte, Observando el universo, 11 poesías para no morirse. ¡Vaya paradoja! ... para no morirse.

Hace unos días, Alma sufrió una enfermedad cerebrovascular. Dicen que es posible que no vuelva a escribir, incluso que no pueda volver a trabajar. El costo de su atención, por las buenas o por las malas, lo tiene que cubrir su asegurador o el Distrito (no es un asunto de caridad, esa es la ley), pero ella y su familia tienen que sobrevivir y su fuente de ingresos principal no son sus poemas, es su decorada caja de lustrar zapatos. La enfermedad no le permitirá volver a su oficio, al menos por
un buen tiempo; y más que justo sería que su obra le ayudara a mantenerse en estos momentos.

Por eso los invito a comprar sus libros. Los interesados en los poemarios pueden llamar a Marcela Santos, su hija, al teléfono celular 310 8045452 .

2 comentarios:

Juan José dijo...

Veo que tu obra y tu buen hacer te ha consolidado en lo que te gusta hacer.. eso es bueno... felicitaciones.. aprovecho esta casualidad de hallarte en este camino nuevamente para desearte una FELIZ NAVIDAD y UN PRÓSPERO AÑO NUEVO... continúa asi.. que lo estás haciendo muy bien...

un abrazo de oso hasta alli.. (no se pero ese dicho me parece conocido.. ja ja ja) naaa un placer saber de ti...

Juan José

Adela dijo...

Que bueno encontrar este blog era precisamente lo que estaba buscando lo leeré con detenimiento y felicitaciones y mas me gusta porque somos del mismo terruño. Un abrazo cariñoso

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